Hablemos de la muerte, un tema difícil de abordar.

tema muerte a los niños

 

Como explicar el tema de la muerte a los niños

 

EN QUE PUEDEN AYUDAR LAS PERSONAS ADULTAS

 

A un niño pequeño, hasta los tres años de edad, le faltan palabras para poder expresar las distintas sensaciones y temores en estas circunstancias y necesita de una presencia adulta, para llamar a cada cosa por su nombre, para contenerlo, para poner palabras a lo que siente.

Se les debe ofrecer posibilidades sin forzarlos, esperando sus propios tiempos y enseñarle como convivir consigo con esa pérdida

Es una gran responsabilidad la del adulto, y no todos en estas circunstancias se encuentran preparados para hacerlo, pero es quien está a su cargo el que tiene que tener el equilibrio para poder ofrecerle ayuda y sostén al niño.

Será importante dedicarles todo el tiempo que sea necesario.

Ellos deben saber la verdad, tienen derecho, y estará en la habilidad del adulto buscar las palabras adecuadas y el momento para poder decírselo acorde a su edad

HASTA LOS TRES AÑOS DE EDAD:

En esta etapa, los niños están más pendientes de cómo nacen los bebés, y otras situaciones vitales, no obstante, la desaparición del adulto, aunque sea por unas horas, también le despierta temores e inseguridades, esto se relaciona, especialmente con el miedo a ser abandonado. La muerte se asociará entonces al temor de que lo dejen y no regresen por él.

Los chicos viven la desaparición del adulto como castigo a algo que el hizo, por eso es importante hacerle saber, por ejemplo, que ellos no tienen la culpa de que se haya muerto esa persona.

Aun a esta edad no pueden comprender la noción de lo que significa la palabra muerte y sus implicancias

DE LOS CUATRO A LOS CINCO AÑOS:

El niño atribuye vida a todas las cosas que existen: su osito de peluche, su auto de juguete, el avioncito, la muñeca.

También es una época de mucha preocupación acerca del tema de la muerte.

A esta edad, aun no tienen la capacidad para entenderla como suceso irreparable y definitivo. Su idea es que en algún momento el que murió se levantará, volverá y seguirá viviendo normalmente.

La muerte está asociada a la vejez y la enfermedad, a sucesos violentos o a guerras.

Es natural que sientan miedo cuando han sufrido la pérdida de un ser querido: a acostarse, a la oscuridad y a quedarse solos y necesitarán tener a sus papás o a un familiar cercano que lo acompañe.

Los adultos deberán tener cuidado con el vocabulario que utilicen para expresarse: La abuelita no “duerme”, murió, para el niño esto podría significar que es mejor no dormirse por miedo a no despertarse más

Si han visto que el cuerpo fue enterrado, pero se les dice que el abuelito está en el cielo, la confusión aumenta.

Entonces podemos decir que a esta edad el niño no comprende la muerte como despedida definitiva de la vida, que es inevitable que afecta a todos los seres humanos

DE LOS SEIS AÑOS EN ADELANTE

Empiezan a comprender ese carácter definitivo e irrevocable, lo cual suscita la aparición de nuevos temores y angustias al darse cuenta de que su propia vida es limitada. Es una época de curiosidad acerca de este tema y necesitará explorar y preguntar.

También es natural que   juegue a hacerse el “muerto” o a “matar” a alguien, hacer dibujos relacionados con este tema, pudiendo elaborar así la situación de pérdida.

Es importante que los adultos, sea cual fuere la edad del niño, no excluyan a los niños de las conversaciones ni tampoco que oculten sus sentimientos delante de ellos, sino agregarán sensaciones de confusión al tema de la muerte

 

CUANDO UN NIÑO ENFRENTA LA MUERTE DE SUS PADRES

Más allá de la tristeza del padre que ha perdido a su pareja, tendrá que ser él o ella, quien se encargue de consolar a sus hijos. Los niños siguen siendo niños y necesitarán frente a este hecho tan traumático de su sostén y acompañamiento.

Si tiene pesadillas, el adulto a cargo lo acompañará y lo tranquilizará, pero su hijo no ocupará la cama vacía, ni el lugar vacío que quedó.

El niño necesitará asistencia para recordar la imagen de su padre o madre, quizás hasta la pubertad: ayudarlo a mantener fotografías, videos, recordar cumpleaños, conservar objetos significativos. Asimismo, los adultos podrán contarle anécdotas y recordarle cuan significativa era para esa persona el haberlo tenido como hijo.

El niño deberá crecer con esa pérdida. Los eventos importantes de su vida le recordarán a ese ser tan querido y esto es natural que ocurra.

También es importante que él pueda tener una figura femenina o masculina con quien identificarse. La figura que pierde, más allá de que es irremplazable, podrá ser asumida en parte por abuelos, tíos, padrinos o amigos de sus padres.

Algunos consejos:

 

-          Decírselo lo antes posible. No se ha ido de viaje, ni quedó en un hospital para que lo curen, ni está en una estrella.

-          La información debe ser muy clara, con palabras simples, acordes a la edad

      Permitir que el niño pase por su duelo y ayudarlo a expresar sus sentimientos con palabras, dibujos o juegos.

-          No esconder nuestro dolor frente a ellos.

-          Informar a la escuela

-          Permitirle que se quede con algún recuerdo de la persona que murió.

-          Cuando estén preparados y lo pidan, acompañarlos al lugar donde está el ser querido.

-          Aclararles que no volverá y que su cuerpo está en un lugar llamado cementerio

-          Acudir a la ayuda de un profesional, si después de varios meses el niño muestra alguno de estos comportamientos:

§ Tristeza permanente

§ Desinterés por su apariencia

§ Cansancio e incapacidad para dormir

§ Deseo de permanecer solo

§ Indiferencia respecto a la escuela y actividades que realizaba

 

En el fondo, los adultos, también buscan como renovar siempre y con cada pérdida maneras diferentes de abordar cada despedida. Con cada separación   que enfrentamos se reactivan antiguas experiencias que pasaron y el sentimiento de dolor.

 

Nunca uno esta solo con esas vivencias.  Es así que los adultos podremos ayudar a los niños desde nuestra propia experiencia, a atravesar situaciones de dolor y no solo en las grandes despedidas, sino también en muchas que aparecerán en nuestra vida cotidiana

Normalmente, no podemos poner remedio a la pérdida, pero sí ayudar a que el niño pueda expresar la agitación interna que está experimentando, podemos ayudarle a encontrar respuestas a algunas preguntas, a clarificar malentendidos y a calmar muchos miedos irracionales que pueda albergar. Es sorprendente como un niño puede recuperarse o mostrar una mejora en su conducta, tras liberar sus temores, especialmente cuando se le da la posibilidad de pasar un tiempo con una persona que lo tranquilice, en quien pueda confiar, y le dedique el tiempo necesario.

El solo hecho de poner un miedo al descubierto o de darle un nombre, hace que empecemos a sanar. Si compartimos nuestros miedos o preocupaciones, estos disminuyen

Lo importante es poder hablar y poder facilitar vías de expresión para que cada niño a cada edad pueda elaborar a su manera, y a su tiempo, acompañado de un adulto, esta situación dolorosa que le ha tocado vivir

A los adultos nos resulta difícil hablar de la muerte. Es un tema angustiante para nosotros también.

Es por eso que debemos estar preparados si nos toca hablar con nuestros hijos.

No debemos ocultar nuestro llanto o angustia; esto es natural.

Siempre con la verdad, nadie se durmió, ni se fue al cielo, ni esta en una estrella, ya que ellos esperaran que bajen.

Es doloroso y triste pero siempre con la verdad, respetando creencias de cada familia.

No evitemos hablar de la muerte, es un tema difícil pero debemos poder hablarla con nuestros  niños

 

Lic. Gloria Grosman

psicóloga

 

 

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