Hacia una nueva paternidad
En las sociedades actuales, todavía existe la creencia de que los bebés son un asunto exclusivo de las mujeres, como si el papel de los hombres durante la crianza fuera insignificante. El mensaje acerca de los hijos está dirigido solamente a las madres; el padre, en el mejor de los casos, “ayuda” a su pareja.
Luego del nacimiento de su hija, el especialista Michael Eburn observó toda la folletería entregada a su esposa en el hospital. Habiendo excluido todo material sobre lactancia y cuidados maternos, detectó que, de un total de 59 imágenes de cuidados parentales, 43 eran de una madre con su bebé, 11 eran de la madre, el padre y el bebé, y solamente 5 presentaban a un padre y su bebé.
Eburn observó algo similar en el libro The Babycare Book, publicado en 1995. Por un lado, el texto afirma: “Muchos nuevos padres pueden sentirse aislados e inútiles en este extraño mundo de bebés, pañales y patrones alimenticios a menos que hayan estado estrechamente involucrados previamente”. Pero por otro lado, de las 29 imágenes de una persona adulta con un bebé, 25 son madre/bebé, 3 son madre/padre/bebé y una es padre/bebé.
Aparentemente, las mujeres no están en un “extraño mundo de bebés, pañales y patrones alimenticios”; para ellas todo es natural y lo único que pueden esperar de los hombres es que actúen como curiosos o como útiles asistentes. De esta manera, se perpetúan los roles y estereotipos en relación con la crianza de los hijos.
El mensaje de las instituciones
Varios hospitales alientan que el futuro padre asista a las clases prenatales. Sin embargo, después del nacimiento, hay “grupos de padres”, adonde está estipulado que concurran sólo las madres. Por lo tanto, la mujer sigue siendo la que transmite la información y es quien conserva el poder dentro de la relación parental. Se espera que el hombre cumpla una serie de instrucciones, en lugar de que asuma plenamente su responsabilidad.
Estos cursos son impartidos en horario de trabajo. En cualquier otro campo, si una clase excluyera a una porción considerable de posibles alumnos, se tomarían medidas para mejorar la situación. Cuando se trata de la paternidad, no. Así como las madres tienen la oportunidad de reunirse con otras y discutir sus experiencias, ¿por qué no ocurre lo mismo con los padres?
Michael Eburn señala también que la información parental tendría que ser separada de la información sobre salud femenina. El cuidado del bebé no es cuidado exclusivamente maternal.
En definitiva, sería positivo que los hombres desarrollaran un nuevo tipo de masculinidad. No es una utopía, es una verdadera necesidad que enriquecería y fortalecería a la familia.
El permiso por paternidad
Otra limitación para los papás es que no tienen el mismo derecho que las mamás en el ámbito laboral. Una madre dispone de una licencia de tres meses; un padre, en Argentina, goza de menos de una semana.
En México, una noticia aparecida el 13 de marzo de 2008 dice que la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) otorgó el primer permiso por paternidad. Emilio Álvarez Icaza, ombudsman del DF, afirmó que este derecho debe ser para todos los hombres de la Ciudad de México, “no para ir a reunirse con los amigos, sino para cambiar pañales y preparar las mamaderas en la noche”.
A pesar de que los 15 días de licencia pueden resultar insuficientes, se trata de un gran avance en el desarrollo de políticas que estimulen el abandono de los estereotipos. El mejoramiento de las relaciones familiares depende de que mujeres y hombres salgan de sus funciones tradicionales, para desarrollar su potencial personal.
La Dra. Bastarrachea Sosa es médica pediatra. Especialista en Medicina de Adolescentes y Responsable de la Clínica de Atención Integral a la Adolescencia y a la Violencia Familiar del Hospital Escuela “Agustín O Horán” de la Secretaría de Salud de Yucatán, Mexico.
Dra. Gabriela Bastarrachea Sosa