Trastorno de Ansiedad Generalizada

Por Lic. Marina Sinaí
La preocupación constante y el exceso de responsabilidad son característicos en el Trastorno de Ansiedad Generalizada.

La preocupación y responsabilidad excesivas como resultante de una incorrecta evaluación situacional en el Trastorno de Ansiedad Generalizada
- La preocupación constante y el exceso de responsabilidad son característicos en el Trastorno de Ansiedad Generalizada, sin embargo la mayoría de la gente realiza la consulta a un profesional cuando ya el trastorno se encuentra bastante avanzado debido a que éstas dos características son muy comunes en el mundo actual y constituyen signos ego sintónicos detrás de los cuales se va gestando lentamente este cuadro ansioso. Una vez dentro del tratamiento, una de las herramientas más importantes para el mejor manejo de la ansiedad es la evaluación realista y asertiva del riesgo que conlleva la situación que se vive como preocupante o amenazante.
El vivir preocupado hoy en día es tomado como un signo normal de nuestros tiempos y ser una persona responsable está absolutamente aceptado en el mundo de hoy, pero ser responsable y vivir permanentemente preocupado no son sinónimos; cuando la responsabilidad es muy alta y vivimos preocupados por todo, esa exigencia interna puede estar ocultando un trastorno de ansiedad. La sociedad propone a la responsabilidad como un rasgo muy valorado, como un ideal a alcanzar, y quizás como un prototipo de ella esta esa persona que es muy responsable: siempre corriendo para cumplir con todo, con el trabajo, la casa, los niños, los estudios, etc., que también siempre está pensando y preocupándose por los demás, e intentando resolver todo lo mejor posible. Este rasgo ego sintónico -en sintonía con nuestro yo, con nuestra vida y con el contexto- es lo que produce la consulta tardía, entonces, cuando el paciente consulta, llega al consultorio con síntomas de ansiedad ya bastante avanzados y al borde del ataque de pánico, ya que los mismos pueden pasar desapercibidos bajo el manto de esta personalidad responsable absolutamente aceptada y sin ningún tipo de conflicto social.

Las personas que padecen este trastorno son autoexigentes al extremo, no se permiten el más mínimo error, sus eternas preocupaciones se convierten en preocupaciones improductivas, cuestiones dilemáticas que a veces los ponen entre la espada y la pared, cuando en realidad esas preocupaciones deberían ser cuestiones a resolver. Es que el ansioso tiene cierta dificultad para pensar en término medio: ¿sigo siendo corredor de Bolsa en Wall Street o me convierto en monje budista? llegan a preguntar en el consultorio, intentando resolver sus vidas de forma extrema. En el mundo del ansioso no hay término medio, vive tironeado por los extremos y muchas veces termina sin resolver nada.

Tener una lógica de pensamiento que vive entre los extremos y un nivel de exigencia tan alto, sube los niveles básicos de ansiedad del organismo, ya que este tipo de situaciones o pensamientos se convierten en cuestiones peligrosas que infunden miedo y a veces confusión. El ansioso es una persona que necesita tener el control de todo su medio ambiente, y esto incluye a su familia, su trabajo y su vida social, necesita sentir que controla , ya que por su gran inseguridad interna, siente que si algo se sale de su sitio, es un descontrol.

Frente a esta situación, en el consultorio y ya dentro del tratamiento psicoterapéutico, uno de los elementos más importantes a trabajar con el paciente ansioso es la: Evaluación del Riesgo, ya que se aborda la necesidad de control absoluto de la situación anudada al exceso de responsabilidad.

El sistema de alerta de nuestro organismo está estrechamente vinculado con la Ansiedad. Cuerpo y mente reaccionan frente a la señal de alerta que se activa cuando nos sentimos amenazados o en una situación complicada. A nivel corporal comenzamos a vivenciar una serie de modificaciones que nos preparan para la acción, se acelera la frecuencia cardiaca, el ritmo de la respiración va en aumento, junto con otros signos corporales y paralelamente, nuestra mente comienza a idear pensamientos relacionados con respuestas que denominamos de ataque o huida, ya que a nivel cognitivo, comprendemos la situación como peligrosa o amenazante. Cuando este sistema no funciona correctamente, activamos la señal de alarma muchas veces en el día, nos sentimos nerviosos, ansiosos, angustiados y abrumados por preocupaciones todo el tiempo.

Esto se produce debido a que nuestro sistema interno de alerta no está realizando una evaluación correcta de la situación en la que estamos inmersos, lo cual provoca una distorsión a nivel del pensamiento que se traduce en la exageración de la respuesta, una sobreestimación y una incorrecta evaluación del riesgo real de la situación en la que estamos inmersos. Es así como de a poco el mundo se vuelve un lugar peligroso y complicado, la única lectura posible de las cosas es la más dramática y de a poco todo el esquema de respuesta se va restringiendo, resintiendo y resulta cada vez más complicado realizar una evaluación efectiva y realista de la situación.

La preocupación y responsabilidad excesivas es el único recurso que este tipo de pacientes encuentra, creyendo que la constante preocupación conlleva de manera implícita la resolución del problema, y con la responsabilidad excesiva haciéndose cargo de todo, se intenta tomar el control absoluto de la situación manteniendo la ilusión de no dejar nada librado al azar.

En el tratamiento de la Ansiedad, introduciendo la evaluación del riesgo se logra que el paciente pueda incorporar nuevas herramientas y desarrollar nuevos recursos internos que le permitan ordenar y organizar las distintas actividades y compromisos de la vida cotidiana sin vivirlos como una situación de vida o muerte , logrando el alivio sintomático no solo en el paciente sino también en su contexto más cercano, ya que con este tipo de tratamientos también se logra transformar esas preocupaciones en cuestiones a resolver, pudiendo jerarquizarlas de acuerdo al grado de urgencia e importancia real en el contexto actual de sus vidas, y de esa manera distinguir y diferenciar las prioridades y resolverlas de manera efectiva para poder vivir la vida de una manera más saludable.

De esta forma, a la hora de evaluar los alcances y las consecuencias reales de las distintas situaciones, se logra la modificación de los esquemas de pensamiento mencionados anteriormente, basados en sistemas de creencias muy arraigados que conducen muchas veces a comprender erróneamente el contexto, y en el manejo más saludable de las emociones. Ambos aspectos son los principales conductores de nuestro accionar, que cuando se rigidizan sin permitir posibilidad de cambio, comprometen el normal funcionamiento de la persona dentro de su medio ambiente y su contexto familiar, en el cual repercute esta situación de manera directa observándose a veces desconcierto en los demás miembros del grupo y cierto desequilibrio funcional familiar, ya que esta vivencia de alerta constante es trasladada a los demás en la convivencia cotidiana.

www.hemera.com.ar Hémera
Centro de estudios del estrés y la ansiedad

Lic. Marina Sinaí

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