Ser padre después de los 40

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Diversos motivos (biológicos, laborales, personales) pueden hacer que el padre lo sea después de los 40 años, auna edad que puede ser considerada tardía para tener un hijo. Para Juan Pedro Valencia, experto psicólogo en escuela de padres, las dificultades que pueden surgir por la brecha generacional abierta entre ambos se compensan con la tranquilidad, la mayor información, la paciencia y el cariño reposado que un padre mayor puede proporcionar a su hijo, facilitando ciertas ventajas en su educación.

¿Por qué después de los 40?

Son muchos y variados los motivos por los que un hombre se puede plantear la paternidad pasados los 40 años. Esta es una situación que, de partida, no debe ser problemática. Sin embargo, hay algunos aspectos característicos en la mayoría de los casos que conviene tener en cuenta.

 Un hijo muy deseado

Puede ser que los padres lleven bastante tiempo intentando tener hijos pero por diversas dificultades biológicas se haya ido retrasando hasta obtener la ayuda médica necesaria que lo ha hecho posible. Será con certeza un hijo muy deseado, lo que puede condicionar algunas cuestiones futuras, como por ejemplo una tendencia a sobreproteger o mimarlo demasiado.

- Compensar un vacío

Puede también ser una pareja con hijos anteriores, tal vez ya adultos, que deciden tener otro hijo. En este caso también se levantan preguntas importantes, ya que normalmente el origen de este deseo de la pareja es la soledad de la pareja (o de uno de los progenitores). Un hijo no debe ser una forma de compensar un vacío interior.

- Sorpresa…

Por otro lado, puede ser un
embarazo no deseado, que ocurre sin esperarlo. En este caso entran en juego otros aspectos, relacionados con la forma en que los padres se toman la noticia y cómo van aceptando y deseando al nuevo bebé.

El problema de la esterilidad

Para Juan Pedro Valencia, psicólogo, “desde un punto de vista psicológico no podemos hablar de que exista una edad ideal para ser padres por primera vez ya que cada edad tiene sus ventajas y sus inconvenientes, marcados más por la persona en cuestión que por la edad en  sí misma”. Pero desde un punto de vista físico, la edad puede traer consigo problemas a la hora de concebir, aunque esto es más acusado entre las mujeres.

A partir de los 40 años la cantidad y la calidad de los espermatozoides empieza a disminuir y esta disminución aumenta drásticamente una vez que se llega a los 50. Si además la madre también ha rebasado la edad más fértil -35 años- el óvulo no podrá compensar las deficiencias de los espermatozoides y se hará más difícil tener un hijo. También aumentan las posibilidades de alteraciones genéticas.

Lo primero que un hombre que decida ser padre después de los 40 debe hacer es acudir urólogo para que le hagan una serie de pruebas, entre ellas un espermograma, para averiguar si existe algún problema de fertilidad. Esta prueba detecta inconvenientes que pueda haber con la eyaculación y valora la cantidad y calidad de los espermatozoides. Un hombre se considera fértil si en esta prueba tiene, al menos, 30 millones de espermatozoides por centímetro cúbico, de los cuales el 25 por ciento debe poseer una buena movilidad. Si es estéril, se diagnostica el tratamiento más oportuno para mejorar la producción de esperma u optimizar este proceso para poder realizar una inseminación artificial, como última alternativa.

Otra parte muy importante que se debe analizar cuidadosamente es la próstata, pues su labor reproductiva es esencial. En ella se produce el semen y, precisamente después de los 40 años de edad, tiene más riesgos de contraer enfermedades como cáncer. Además, si un hombre es operado de la próstata su fertilidad se pierde.

Otro factor que obstaculiza la capacidad reproductiva del hombre es la disfunción eréctil. Los cuerpos cavernosos del pene se envejecen por la falta de oxigenación a medida que pasan los años, impidiendo tener una erección. La hipertensión, la diabetes o problemas con el colesterol son algunas de las causas de este inconveniente.

Brecha generacional

Otro problema que plantean muchos expertos es la brecha generacional que puede surgir entre padre e hijo. El mayor problema llegará cuando el hijo sea adolescente y el padre no pueda entender su comportamiento. Si a cualquier padre la etapa de la adolescencia de su hijo es la más dura y complicada, esto se vuelve más notorio si entre ambos existe una diferencia de 40 años, lo que hará que, probablemente, al padre le cueste mucho más entender a su hijo y ponerse en su lugar, ya que tendrá más olvidados sus años de adolescencia.

Si para cualquiera puede ser difícil entender que un hijo se tiña el pelo de color azul y se haga una cresta punki, si el padre tiene más de 60 años se le hará imposible entender esto, creando una situación problemática y tensa en la familia.

Por eso, este tipo de papás deben prepararse psicológicamente para entender el proceso de crecimiento de su hijo y conocer los retos de esta crianza. El problema radica en que el hombre de 50 o 60 años no reconoce que necesita capacitación para ser padre.

Diferencias en la educación

Para el psicólogo Valencia “las dificultades que pueden surgir suelen ser escasas o de poca importancia porque normalmente en edades tardías la llegada de un hijo es o bien esperada desde hace tiempo, en el caso de primerizos, o bien es aceptada con naturalidad en el caso de padres ya con otros hijos anteriores. Aunque la edad puede determinar ciertos comportamientos esperados socialmente, en realidad será la educación y las experiencias vitales de cada persona, independientemente de su edad, las que finalmente entren en juego a la hora de ejercer de padre por primera vez”.

La principal diferencia entre un padre de 25 años y uno de 40 será la vitalidad y la paciencia para dedicarse a su hijo el mayor tiempo posible. Así nos lo explica Juan Pedro, “en el caso de los primerizos el cansancio, la costumbre de tener todo el tiempo para ellos, el tipo y horario de trabajo, pueden influir en el sentido de que se produzca un cambio ciertamente radical que resulte difícil asumir, pero que en todo caso será transitorio”.

Ventajas

No obstante, el tener mayor edad también puede aportar una serie de beneficios a la educación del niño. “El ser padre mayor –dice Juan pedro Valencia- de la edad socialmente habitual puede ser muy ventajoso si se dan una serie de condiciones. La experiencia permite ver las cosas como son y no como la impulsividad juvenil hacen ver; se produce una especie de rejuvenecimiento ya que el bebé tiene unas necesidades que incluso obligan a salir mucho más de lo que, a lo mejor, estaba acostumbrado. Se revive el amor de una forma diferente a la que conocían ya que el cariño que despierta un bebé es un tipo de amor generoso y hasta cierto punto desconocido y sorprendente. Además puede producir un aumento en la frecuencia de reuniones familiares, siendo el bebé la excusa para poder compartir más momentos familiares gratos”.

“También la tranquilidad de ánimo, el cariño reposado, la mayor disponibilidad de tiempo y de información sobre el bebé redundarán e influirán en una relación más productiva y estimulante para el bebé y para la familia en sí. Les resultará más fácil crear las rutinas que todo recién nacido necesita para sentirse seguro y tranquilo, así como repartir las tareas y responsabilidades que conlleva. Incluso el lenguaje normalmente será más adecuado y rico. Es así que generalmente los hijos de padres mayores tienen su impulsividad y sus energías propias de la edad pero suelen mostrar también una mayor madurez que los de su mismo grupo de edad sin que ello signifique, en ningún caso, que pierdan la identidad y características propias de su niñez sino que las disfrutan y viven de otra manera”.

Todo Papás

Lic. Juan Pedro Valencia

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