Cuando los chicos invaden la cama grande

Parents-Sleeping-With-Kids

Por Lic. Lucila Donován*

La llegada de un hijo representa un cambio de vida considerable para una pareja, removiendo sus trayectorias evolutivas. La felicidad que implica ser padres, y el deseo de que crezcan sanos, felices y alcancen una vida plena en un futuro,  va de la mano de una gran responsabilidad de criarlos adecuadamente.

En la práctica clínica diaria, suelo escuchar el deseo o la necesidad de los padres por “ser perfectos” y el temor a equivocarse o a no ser buenos padres. Considero que no existe  “la crianza perfecta”, ni los “padres perfectos”, ya que se aprende a ser padre cuando uno tiene un hijo, día tras día, atendiendo sus necesidades y acompañándolos en su crecimiento.

Como psicóloga infanto-juvenil considero importante destacar y aclarar que cuando trabajamos con niños, trabajamos “en equipo” con sus padres, orientándolos.

¿Qué y cómo orientamos?

Orientamos frente a la presencia de sintomatología en el comportamiento de los  niños y sus familias, detectando aquellos indicadores de alerta de la conducta infantil. Diferenciamos aquellas conductas evolutivamente esperable en función de la edad cronológica de aquellas que no y sobre distintas pautas en relación a la crianza. Por ejemplo entre el primer año de vida y el tercero aparecen los berrinches, que son normales. Aquí es preciso detectar precozmente la dificultad de los padres para manejarlos, preparándolos para tolerar las conductas negativistas informándoles sobre el verdadero significado de estos.

El trabajo con la familia es fundamental debido al rol determinante que cumplen los factores contextuales en el desarrollo madurativo de los niños.

Es importante aclarar que durante la niñez no podemos afirmar que hay una variable única que explique determinado comportamiento ya que éste se encuentra multideterminado por diversos factores causales (biológicos, genéticos, interpersonales y ambientales) que se inter relacionan en el desarrollo madurativo del niño.  Algunos síntomas pueden ser un problema transitorio sin alcanzar a constituir un trastorno.

Hábitos en la crianza

En relación a la crianza considero que el afecto y la puesta adecuada de límites son primordiales para lograr un desarrollo psicológico adecuado en los niños.

Limitar significa ordenar, marcar espacios y tiempos, diferenciar el mundo infantil del adulto. Aclaro esto ya que la falta de límites genera desorden, desorganización y caos a nivel mental. Los limites, en líneas generales deben ser adecuados a la etapa evolutiva, pensados y consensuados por ambos padres, coherentes y firmes.

Por eso mismo, entre aquellos límites firmes que considero que los padres deben instaurar se encuentra la importancia de marcar y delimitar el lugar donde el niño duerme, así como los horarios establecidos para el descanso.

Dormir es una necesidad básica del ser humano (para los niños y para los padres), por eso mismo es importante poder organizar hábitos de sueño, establecer rutinas coherentes para que todos logren descansar. Los hábitos permiten confiar, poder esperar e implican continuidad. El espacio de intimidad es importante no sólo para los padres sino también para los hijos.

¿A partir de qué edad los niños pueden dormir en su propia habitación?

A partir de los tres meses aproximadamente el bebé empieza a regularse por el ritmo circadiano (de 24 horas). El rol de los padres implica ir habituando ciertas conductas de día y ciertas conductas de noche afianzando el proceso de regulación.

Después de los dos año de edad, es importante trabajar con los padres  reforzando la idea de que el cuarto de los hijos es “su cuarto”, así como “su cama” su lugar, su espacio. Debemos lograr que se sientan cómodos y seguros adquiriendo sentido de pertenencia.  Al año se espera que el niño tenga la rutina instalada a la hora de dormir. De ahí en adelante debemos transmitir e insistir para que no se levante y vaya al cuarto de los padres, es preferible que los padres se acerquen a su cuarto.

Poco a poco el niño ira adquiriendo (a partir del modelado de sus padres) y contando con sus propios recursos para conciliar el sueño, sin depender de la presencia externa de sus padres. Por eso es fundamental que primero puedan confiar en la disponibilidad de sus padres, transmitida en las experiencias previas.

La capacidad para estar solo depende de la existencia de un objeto bueno en la realidad psíquica del niño. Implica que el individuo gracias a experiencias maternales positivas y gratificantes ha desarrollado la creencia de un ambiente benigno. El camino de la dependencia a la independencia implica un mayor grado de madurez. La capacidad individual de poder permanecer “a solas” constituye uno de los signos más importantes dentro del desarrollo emocional.

¿Qué hago para que mi hijo no se pase a mi cama?

Resulta ser una pregunta frecuente en la práctica clínica, los padres consultan cansados y preocupados porque no logran que su hijo duerma en su cuarto. Frente a dicha consulta, indagamos distintas cuestiones que podrían estar asociadas, ya que son múltiples las razones por las cuales los niños se pasan a la cama de sus padres. Inciden  factores internos (por ejemplo: algunos miedos y ansiedades propios de una etapa evolutiva) y externos (situación ambiental). Por ello preguntamos si recientemente han habido cambios en la vida del niño que pueden relacionarse, por ejemplo: mudanzas, cambios de colegio, nacimiento de hermanos, separación de sus padres, fallecimiento de algún ser querido. Estas situaciones ambientales inciden directamente en los niños y es fundamental tenerlas en cuenta.

Entre el año y los tres años las dificultades para conciliar el sueño y el despertar por la noche son muy frecuentes. El insomnio puede asociarse a una hiperactividad motriz y la avidez del niño por conocer puede impulsarlo a levantarse para jugar, por lo tanto van en búsqueda de sus padres. A la vez, los miedos, las pesadillas y las ansiedades propias de cada edad inducen al niño a pasarse a la cama de sus padres buscando contención y seguridad.

 

Algunos consejos:

  • Acostar al niño en su propia cama y si se levanta calmarlo allí.
  • Propiciar un ambiente propicio para el sueño (no recomiendo que tengan televisión en su cuarto)
  • Organizar rutinas para no obstaculizar los mecanismos de individuación y autonomía.
  • Si se levanta acompañarlo a su cama, contándole cuentos (en forma alternada).
  • Considerar que las situaciones de desborde familiar inciden en que los niños tengan dificulta para dormir en su propio cuarto.
  • Ser coherentes entre lo que se transmite verbalmente y lo que se hace en la práctica.
  • Generar y estimular hábitos independientes (para bañarse, vestirse, etc.)

 

Creo que la actitud firme del adulto es percibida por el niño y favorece la aceptación del límite. Con una actitud positiva, valorizando los logros y a través del diálogo se genera un terreno facilitador para la aceptación de los límites.

Debemos reconocer las distintas etapas madurativas de los niños, respetando sus necesidades afectivas y emocionales

 

  *Psicóloga infanto-juvenil

Hémera, Centro de estudios del estrés y la ansiedad

www.hemera.com.ar / info@hemera.com.ar                                                  

 

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