¿Quién soy yo?

Blooming water lily

Pregunta simple, sencilla, franca, inocente; también misteriosa, enigmática, vital.

La respuesta que demos es lo mas importante en ésta dimensión para el que la contesta; trascendental para ti, para mí, para nosotros; esencial para todos y cada uno de nosotros.

Ante la misma pregunta, todos tenemos diferentes respuestas.

Algunos contestamos: yo soy Rigoberto, o yo soy Emma. Otros dicen: yo soy lo que ves; yo soy quien está frente a ti. Yo soy italiana. Yo soy hombre. Yo soy psicóloga. Yo soy joven. Algunos decimos: yo soy yo.

Antes que nada, debo confesar que yo creo en el amor, aunque no lo he olfateado ni tocado, ni gustado, ni escuchado, ni siquiera lo he visto; es mas, no se en donde se aloje.

En realidad no se si existe el amor.

Pero estoy consciente de que emociones en mi mente presente, en mis recuerdos, en las acciones de mi diario vivir, están relacionadas con eso que los conocedores llaman amor.

Tal parece que los poetas saben mas que los filósofos o los neurólogos acerca de eso llamado amor. Tan solo recordemos las bonitas líneas del tapatío Gabriel Ruiz que escribió en una canción dedicada a su novia y musa,  Conchita Calleros Iñiguez, la hermana de Julia, mi madre, en 1943:

Amor, amor, amor, nació de ti, nació de mí  …  nació del alma …”

 

También creo yo en la amistad y el cariño, aunque no hay un órgano corporal para ello; pero al paso del tiempo los neurofisiólogos conocen mas acerca de la localización cerebral de muchas de nuestras acciones, emociones, memorias.

Lo mismo creo en la responsabilidad, en la fe, en electromagnetismo, en la energía mental y física extra que alguien puede tener para hacer algo sobrehumano; creo en muchos conceptos para los cuales no tenemos una explicación científica acerca de donde vienen, como evolucionan, en donde se encuentran, etc.; pero creemos en ellos porque observamos sus efectos.

Esto viene a colación porque los conceptos que a continuación escribo son acerca de un concepto filosófico, no orgánico, el cual no sabemos siquiera si existe, mucho menos el precisar en donde está localizado en la persona. Nadie lo ha visto, ni palpado, ni olfateado ni escuchado, pero todos lo hemos sentido. Todos hemos estado expuestos a sus efectos.

Me refiero al filosófico “yo”.

¿Existe el yo? No sabemos si existe uno o varios, pudiese ser tan solo una creación artificial de nuestro cerebro al tratar de interpretar la realidad, sea real o virtual.

Quizás sea solo una proyección de lo mas profundo de nuestros recuerdos o esté siendo creado continuamente como una ilusión, mezclando las experiencias previas con lo que consideramos realidad.

Los neurólogos creen que nuestro cerebro es el que crea los colores, sonidos, todas las sensaciones que percibimos del mundo exterior. Pudiera ser que nuestro cerebro también esté inventando y re-inventando continuamente, nuestro yo.

¿Es el yo un concepto, una entidad cambiante según las emociones que vivimos?

¿Es acaso el yo tan solo una representación de nuestra conciencia?

¿Si existe, es influenciado y modificado por aprendizaje, cultura, religión?

¿Existen diferentes yo? ¿Yo del hemisferio cerebral derecho y otro yo en el izquierdo?

¿Si existe, hay uno de día y otro de noche? ¿Si así fuese, a donde se va el yo diurno durante la noche y que funciones tiene el yo nocturno durante el día?

Trato en este ensayo de contestar la pregunta ¿Quién soy yo?

 

Nuestro cuerpo es una estructura formada por trillones y trillones de células (quizás 100 trillones en un organismo humano adulto), todas ellas provenientes de la célula original, el cigoto, formado por la unión de dos células haploides, el oocito y el esperma.

Aunque socialmente, del punto de vista legal, aun no estamos de acuerdo cuando se puede considerar que el cigoto sea ya una persona con carácter moral, esa célula original es ya un ser humano biológico. Al recibir la protección y nutrición adecuada de la madre, al paso de los meses se desarrollará en una magnífica creatura. Tú. Yo. Nosotros.

Inicio esta meditación filosófica con el concepto expresado por nuestro poeta Nayarita, Amado Nervo: “El cuerpo no es más que un medio de volverse temporalmente visible.”

Mas del 99% de todas las células de nuestros tejidos y órganos están siendo continuamente remplazadas; por lo que podemos afirmar que cada segundo de nuestras vidas no tenemos el mismo cuerpo.

Cabello, uñas, intestino, sangre, tracto respiratorio, genitourinario, hueso, todos nuestros órganos están constantemente renovándose, como cuando nos exponemos al sol intenso y es muy obvio que estamos cambiando las capas mas superficiales de nuestra piel. Capa tras capa de todos nuestros tejidos es desechada, como las delgadas hojas de una cebolla; pero en nosotros, son remplazadas por células nuevas.

Menos del 1% de las células restantes es representado por los cien billones de neuronas en el cerebro, algunos miles de linfocitos y los oocitos restantes en los ovarios de la mujer; estos grupos de células quizás persisten durante nuestras vidas físicas.

Podemos considerar al cuerpo humano como nuestra vestidura.

Cambiamos de camisa, falda, pantalón, en fin toda nuestra ropa, una o varias veces al día, pero siempre somos la misma persona; desnudo o vestido, en ropa de calle o de lujo, yo soy yo.

Yo en la cuna, yo en la playa, yo en el estadio, yo en el comedor, yo en el trabajo, yo optimista o yo triste, yo hambriento o yo saciado, yo sigo siendo yo.

En el vientre de mi madre, ayer y hoy; en la primaria o en la universidad, yo soy yo.

No importa cómo, donde o cuando, yo soy yo.

La persona en ésta dimensión, el individuo humano, es un conglomerado de cuatro componentes, dos de ellos son físicos: cuerpo y cerebro; y dos etéreos, lo que llamamos mente y espíritu.

El cuerpo está compuesto de células, organizadas en tejidos, órganos y sistemas; todas compuestas de sustancias químicas, a su vez formadas por elementos y átomos.

Todas mis células están trabajando al unísono, conformando ese cuerpo mío que es mi vestidura, mi vivienda terrestre; constantemente reciclándose, envejeciendo e irremediablemente mortal.

El componente mas importante de ese cuerpo es el sistema nervioso y el órgano principal es el cerebro, que lo controla todo, en dos niveles: consciente y subconsciente.

Lo que llamamos mente no parece ser un órgano del cuerpo, algunos expresan que la mente no es mas que el cerebro trabajando.

Pienso yo que quizás la mente se aloje en la red de comunicación entre las células de neuroglia cerebral. En muchas regiones del cerebro hay 200 veces mas células de neuroglia que neuronas.

La neurona, en mi opinión, no piensa, no tiene “cerebro”; es tan solo un filamento biológico que funciona al ser estimulada por un grupo de sustancias químicas que la neurona convierte en señal eléctrica, la cual viaja a su otra extremidad donde se convierte de nuevo en señal química que estimula a la siguiente neurona y así sucesivamente pasa la onda químico-eléctrica; de esa manera viaja y se transmite la información biológica.

La neurona es el cable de fibra óptica que lleva los datos de una región a otra del cuerpo.

En cambio, en mi opinión, la neuroglia es el talento del cerebro; la neuroglia es la verdadera célula pensante en el cerebro.

En todos los trillones de trillones de trillones de conexiones sinápticas entre las neuronas, siempre se encuentra presente una extensión de una célula de neuroglia; es la que dirige el trafico de información a través de las neuronas; quizás funciona como el guardavía que dirige el tráfico de trenes, cambiando las conexiones de los rieles y la dirección del tren.

La neurona transmite la información.

La neuroglia controla el trafico y el destino de esa onda electro-química, organizando la utilización final de esa información. Base de talento, juicio, comprensión, razonamiento.

Quizás la mente sea el oleaje, el reflejo, el brillo y destello del océano holográfico donde archivamos toda nuestra información biológica, nuestros procesos intelectuales y las nociones espirituales, todos nuestros conocimientos, todas las vivencias y sensaciones que hemos tenido, todas las emociones y memorias, saludables y nocivas; todo lo que nos ha marcado, conciente o invisiblemente, durante nuestra existencia.

Pudiese ser que la mente sea similar a la famosa nube cibernética, en un espacio virtual fuera de tu computadora, en donde puedes guardar todos los datos de tu procesador – documentos y fotografías, números, graficas y datos – pero puedes tener acceso inmediato desde cualquier lugar cuando los necesites; aunque no los tengas en la memoria reciente y ni siquiera sepas en donde los habías guardado.

Quizás el cerebro sea el increíblemente complejo disco duro, rapidísimo, en cuyas neuronas se guardan todos los trillones y trillones de datos biológicos e intelectuales de toda nuestra existencia humana y la mente acaso sea esa nube virtual electro-biológica-cibernética, de comunicación holográfica, en donde todos esos datos son almacenados y combinados con nuestras vivencias y con nuestras sensaciones; el baúl de nuestras emociones, el archivo de nuestros deseos y miedos; la frontera del conciente con el subconsciente.

Esa mente tuya, poseedora de tus datos holográficos, no solo almacena tu vida sino que actúa, decide y dispone por ti, ordenándole al cerebro y al cuerpo que, como y cuando proceder de tal o cual manera, según las circunstancias que estés viviendo.

Estoy convencido de que mi cuerpo, mi cerebro y mi mente son mis dependientes, mis siervos, mis subordinados.

¿Quien soy yo?

Puedo comenzar expresando quien no soy:

Yo no soy mi cuerpo, yo no soy mi cerebro, yo no soy mi mente.

¿Quien soy yo?

Yo soy yo, mi verdadero yo.

Ese indiscutible yo, es lo más importante de tu persona, de mi persona.

Yo soy un ente que vive en mi cuerpo.

 

Yo soy un ente que le da vida a mi cuerpo.

 

Yo soy un ente que le da vida a mi cerebro.

 

Yo soy un ente que le da vida a mi mente.

 

Yo controlo a mi mente, a mi cerebro, a mi cuerpo.

 

Ese ente, esa esencia llamada yo es, en realidad, el verdadero yo.

 

Ese yo, mi esencia vital, es la energía que algunos llaman Mistapeo, otros Nilchi, algunos mas Aliento de Vida y la mayoría de las sociedades actuales llaman Alma o Espíritu.

Entonces, realmente, ¿Quien soy yo?  ¿Quiénes somos?

“No somos Seres Humanos en búsqueda de una experiencia espiritual,

somos Seres Espirituales teniendo una experiencia humana.

 

Meditando con ese bello pensamiento del Jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin, creo que yo soy esa quanta de energía que le doy vida a mi figura biológica y al mismo tiempo vivo ahí, en mi cuerpo, el cual es controlado por el sistema nervioso y, al paso del tiempo, manifiesto mi personalidad, mi inteligencia, mi juicio y mi razonamiento a través de mi mente.

 

Yo soy mi Espíritu.

 

Yo soy mi Alma.

 

Estoy convencido de que mi cuerpo no soy yo; mi cuerpo es el ropaje con que me visto.

 

Al pasar el tiempo terrestre, al alcanzarnos la muerte, cesa nuestro movimiento y se consume nuestro pensamiento.

 

Cuando yo muera, mi cuerpo y mi cerebro, ambos, se van a disolver en sus componentes primarios mientras que mi mente, con toda la información de mi estancia terrenal, quizás prosiga viajando por la eternidad, junto con toda la información colectiva del universo, conformando el Punto Omega, la superconciencia vislumbrada por De Chardin.

 

¿Y que sucede con mi verdadero “yo”?

 

La respuesta quizás esté atesorada en éstas cuatro líneas, escritas por Rumi, filósofo Persa del siglo XIII:

 

En el momento de la muerte, el alma abandona el cuerpo;

lo deja como a un vestido viejo;

devuelve al polvo ese cuerpo que era polvo

y forma un cuerpo hecho con su propia Luz antigua.

 

 

Guillermo A. Gutiérrez-Calleros

Phoenix, AZ

 

 

 

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