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	<title>Papis - El portal para Padres &#187; tecnologia</title>
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	<description>Papis es el portal de Atención Pediatrica Integral</description>
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		<title>Fotos más Facebook ¿y si no quiere?</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Sep 2016 04:36:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>papis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Niños]]></category>
		<category><![CDATA[prevencion]]></category>
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		<description><![CDATA[&#160;  El manejo de la imagen de los hijos en las redes sociales abre algunos dilemas sobre cómo los padres comparten escenas cotidianas sin el consentimiento de los chicos  &#8221;Ni se te ocurra subir esa foto a Facebook.&#8221; La advertencia no es de un padre a un hijo. En realidad es justo al revés: de]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> El manejo de la imagen de los hijos en las redes sociales abre algunos dilemas sobre cómo los padres comparten escenas cotidianas sin el consentimiento de los chicos</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> &#8221;Ni se te ocurra subir esa foto a Facebook.&#8221; La advertencia no es de un padre a un hijo. En realidad es justo al revés: de un niño de 8 años a su padre que acaba de sacarle una foto con el celular mientras hacía alguna de sus acostumbradas gracias. La razón de la &#8220;prohibición&#8221; de compartir la imagen está lejos de una cuestión de seguridad. Tiene que ver con algo tan personal como el pudor y la vergüenza, y con lo que esa imagen pueda generar ahora y tal vez en un futuro no muy lejano.</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;">Un adulto que ha sido padre en los últimos 10 años, en coincidencia con el nacimiento de Facebook y las demás redes sociales, es probable que, a esta altura, haya compartido miles de fotos de sus hijos en situaciones tan cotidianas como diversas: viajes, actos escolares y festejos como cumpleaños, bautismos y Navidades.</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Esas postales de la intimidad que antes eran archivadas en cajas o álbumes de fotos y desempolvadas ante la visita de algún amigo o familiar, hoy forman parte del universo compartido al instante. Un estudio realizado por Knowthenet a cargo del portal británico The Parent Zone ha logrado poner un número a ese frenesí moderno por subir imágenes de los hijos en las redes sociales. Se calcula que antes de que un niño cumpla los 5 años, sus padres han colgado unas 973 imágenes de él en Facebook e Instagram, es decir, a razón de dos por día. El corte de edad no es casual: además de ser la etapa donde se suben más imágenes y videos -los flamantes padres son más propensos a compartir con otros imágenes de sus bebes e hijos pequeños- es la edad en la que los chicos todavía no manejan las nociones de vergüenza y pudor, y por lo tanto no son capaces de decir si algo que tiene que ver con ellos desean o no que se comparta con otros. Es decir, todavía no pueden manifestar su voluntad respecto de esa situación que, en cuestión de años, puede resultarle vergonzante.</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Los ejemplos sobran y no hay que irse demasiado lejos en el tiempo: basta recordar los videos filmados y subidos por decenas de padres mostrando a sus hijos llorando desconsoladamente luego de que Lionel Messi anunciara que dejaba la selección después de otra frustrada final perdida frente a Chile. Muchos de esos videos se viralizaron y llegaron incluso a mostrarse en los programas de mayor audiencia como Show Match. ¿Hay un límite a la exposición de los chicos? ¿Cuál es?</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Más notas para entender este tema. </span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> &#8221;Parecería ser que cuando se trata de Internet no se tiene que pedir permiso, hay como un derecho adquirido, una impunidad que da el decir «tengo mi cuenta de Facebook y subo lo que quiero» -sostiene Ileana Berman, psicóloga especialista en crianza-. Existe un interés desmedido por la mirada del otro que hace que no nos preguntemos si eso que estamos subiendo a las redes puede llegar a dañar o no psíquicamente al niño. Como padres, cada vez que subimos algo de nuestros hijos debemos hacernos esa pregunta. ¿Le gustará verse en unos años en esta situación? De no hacerlo, estamos tomando a ese hijo como un objeto de mi propiedad.&#8221;</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> El manejo de la imagen personal de los hijos es uno de los tantos desafíos de los padres de hoy. &#8220;Estos niños son la primera generación que crece con las redes sociales como una parte integrada de la vida cotidiana, por lo que es importante que nos detengamos a pensar en cómo se podrían sentir acerca del contenido que ahora se comparte cuando sean mayores&#8221;, reflexionó la fundadora de The Parent Zone, Vicki Shotbolt.</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Berman, que trabaja con niños y adolescentes, asegura que en la consulta surgen este tipo de temas. &#8220;Muchos me dicen: «Me filman, me sacan fotos y no sé si quiero que todos me vean en determinada situación porque me da vergüenza». El pudor, la vergüenza y el asco son conceptos sociales y culturales que se desarrollan entre los 5 y los 6 años, y que tienen que ver con la represión. Para la constitución psíquica del niño es un momento importante que los padres no deberían subestimar. A esa edad los chicos ya empiezan a discernir si se sienten o no cómodos en determinadas situaciones y son capaces de manifestarlo. Es la franja de los más chiquitos, que no pueden decidir, donde hay que poner un alerta&#8221;, comenta la especialista en crianza.</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> La cuestión, como siempre, tiene que ver con el sentido común. Para evitar que los chicos queden expuestos en situaciones en las que pueden no sentirse cómodos, Berman sostiene que lo mejor, en estos casos, es pecar de precavidos. &#8220;Las redes sociales invaden mucho, están naturalizadas. No está mal tomarlas como algo natural porque para los niños lo son. Pero sí creo que hay que ser precavidos con la psiquis de los chicos. Hay que tomar en cuenta que con esa foto o ese video se van a volver a encontrar en un futuro. Algunos dicen abiertamente que no quieren que sus padres compartan esa imagen. Pero si los chicos no manifiestan estar a favor o en contra, los padres deben leer entre líneas si están habilitados o no a subir tal o cual cosa.&#8221;</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Valeria Vicente es mamá de Octavio, de 8, y Rafaela, de 11. Desde que abrió su perfil en Facebook comparte con sus contactos las imágenes de sus dos hijos. Pero no sube cualquier cosa: antes hace una cuidada edición y selección de lo que cuelga en esa red social. &#8220;Obviamente me cuestiono lo de la privacidad, pero soy del interior; tengo familia ahí y también en el exterior, y para mí es una forma de comunicarme con ellos, que sigan el crecimiento y el día a día de mis hijos -sostiene-. Si ellos no quieren que suba algo, los respeto. Como mamá sé las situaciones en las que no se sienten cómodos y las evito. A veces te quedas con las ganas de compartir algo, pero lo más importante es respetar su voluntad. Ya en el momento noto cuando no están cómodos y obviamente no lo subo. Pero a ellos les gusta que comparta sus fotos y videos. De hecho están pendientes de los comentarios. Me preguntan si alguien ya escribió algo o le dio un like&#8221;, dice Valeria.</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Leticia Márquez asegura que desde que Olivia, su hija de 6 años, empezó a manifestar cierta incomodidad con algunas imágenes y frases que publicaba de ella en Facebook, dejó de hacerlo. &#8220;Oli es muy tímida y hace un tiempo empecé a notar que estaba muy atenta cada vez que sacaba una foto con el celular. Ni bien lo hacía me preguntaba angustiada: « ¿Ya la subiste a Facebook?» Ahí me di cuenta de que ella no disfrutaba de esa exposición. Tampoco le gustaba que compartiera algo que ella me había dicho y que yo, como me había parecido gracioso o una genialidad, lo había subido a Facebook. « ¿Así que ahora te gusta tal cosa?», le decían, y ella se enojaba y me cuestionaba: «Si te lo dije a vos, ¿por qué lo compartís?» Había como un momento íntimo que yo había quebrado al hacerlo público. Sigo subiendo algunas fotos, pero no al ritmo de antes y siempre le pregunto primero. Creo que en las redes sociales hay una jactancia de parte de los padres que dicen «tengo un hijo divino e inteligente, pero no existe si no lo muestro» y eso no está bueno.&#8221;</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;">En el caso de María Feraud y su pareja, Valerio, padres de Dragón, de un año y medio, el acuerdo es claro: no subir ninguna imagen de su bebé a ninguna red social. &#8220;Fue un tema hablado entre los dos, como todo lo que está relacionado con la crianza de Dragón -cuenta María, instructora de buceo que tiene un emprendimiento de medicinas naturales-. Por tratarse de un niño muy chiquito, me parece que abrir su intimidad sin que él lo pueda decidir no está bueno. Creemos que hay que preservarlo. Las redes sociales me dan algo de paranoia; es un espacio ciento por ciento público que no sab</span><b></b><span style="color: #000000; font-family: Calibri;">és adónde puede derivar. Abrir tu intimidad a las redes es un riesgo, preferimos tener nuestros recaudos.&#8221;</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Claro que cerrar esa gran ventana al mundo trae consecuencias: desde peleas con amigos y familiares que no entienden esa intransigencia de no mostrar al hijo en una época donde todo es mostrable hasta manejar la tentación en la que suele caerse cuando el pequeño hace algo digno de ser compartido: &#8220;En ese caso lo comparto con mis contactos íntimos por WhatsApp -dice María-. Igual me ha pasado que cinco minutos después esa foto que había mandado estaba en el Instagram de esa persona sin mi consentimiento. Le he pedido a un familiar que bajara de su Facebook la foto típica que te sacan en el sanatorio con tu bebe. Tuve varias discusiones por esto. La gente te retruca: «Soy libre de subirlas porque es mi Facebook». Y no, no sos libre porque es mi hijo y yo decido por él y no quiero. La gente da por sentado que puede hacer lo que quiere en las redes sociales, por eso me cuesta que lo entiendan. Está acostumbrada a exponerse y dan por sentado que vos también lo hacés, pero que lo haga la mayoría no quiere decir que todos tengamos que hacerlo&#8221;.</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Del otro lado, los padres hiperconectados y que comparten todo lo que sus hijos hacen y dicen en las redes sociales argumentan que así como los chicos cuando son pequeños no eligen qué creencias o religión van a tener o a qué colegio van a ir -algo que los adultos hacen por ellos-, también toman la decisión sobre qué, cómo y cuánto mostrarlos en sus perfiles sociales. &#8220;A mí me encanta subir fotos de mis hijos y que vean lo lindos que son -dice Mauro Gonzálvez-. Lo hago, lo hacen mis amigos y no tengo problema de que otros compartan una foto de mis hijos en su Facebook. Si no me gusta alguna imagen que hayan subido pido que la saquen, y fin del problema pero a mis hijos les gusta verse. Es más: me piden que les haga videítos para subirlos. Ellos, como todos los chicos de su generación, nacieron con esto y lo toman de forma natural y yo también.&#8221;</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Del derecho y del revés</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Los padres ejercen sobre los hijos menores el derecho a la imagen. &#8220;Nuestro código claramente protege el derecho a la imagen y exige el consentimiento del titular. ¿Por qué razón los padres querrían avasallar el derecho personalísimo de su hijo? -se pregunta el abogado Sebastián Gamen, autor y director del sitio Technolaw, especializado en derecho informático-. Los padres deberían siempre consultar a sus hijos y pedir el consentimiento antes de subir una foto o video de ellos, porque de ese modo le inculcan al menor la importancia de su imagen y le enseñan el valor de la protección de sus datos personales. Igual cuando hablamos de los niños tendríamos que diferenciar a los menores de los adolescentes, que tienen capacidad para tener su perfil en Facebook o Instagram, si no es que ya lo tienen, y denunciar las fotos o perfiles que consideramos que lo están afectando.&#8221;</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Pero, ¿qué pasa cuando uno de los padres sube fotos de sus hijos y el otro no está de acuerdo? &#8220;Cuando están en pareja y para evitar discusiones uno u otro termina aceptando la situación -sostiene Gamen-. Si están separados, quedan mucho más expuestos los desacuerdos y esto es un problema más. Es habitual que los padres quieran competir y demostrar con quién de ellos los hijos son más felices o se divierten más, y una manera de hacerlo es subir fotos a las redes sin reparar en que los menores quedan muy expuestos.&#8221;</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Un estudio realizado por la Universidad de Washington en colaboración con la Universidad de Michigan revela que los niños de entre 10 y 17 años están preocupados por cómo sus padres compartían su vida en redes sociales. El estudio buscó indagar acerca de las normas relacionadas con la tecnología que los chicos quisieran que siguiesen sus padres o adultos con los que se relacionnan en forma frecuente.</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Según contó Alexis Hiniker, directora de la investigación a The New York Times, los niños expresaron mayor preocupación que los mayores ante el hecho de que algún miembro de la familia comparta demasiada información personal sobre ellos en las redes sociales sin su permiso. Incluso, muchos aseguraron que ese tipo de contenido les resultaba embarazoso y que se sentían frustrados cuando sus padres seguían compartiéndolo. &#8220;Varios jóvenes conocen a compañeros a los que les gustaría que algunas fotos no hubieran sido publicadas nunca, como una niña de la que se rieron sus compañeros en clase porque alguien descubrió que su madre había abierto hacía años un canal de YouTube en el que salía cantando -contó Hiniker-. Los padres no deberían compartir tanta información ni fotografías sobre sus hijos en las redes sociales sin su consentimiento explícito.&#8221;</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> En algunos países de Europa, donde la protección de datos personales es mucho más estricta, se habla hasta de la posibilidad de que, en un futuro no muy lejano, los niños de hoy -los jóvenes de mañana- demanden a sus padres por haber subido imágenes o información de su vida privada a las redes sociales sin su consentimiento. &#8220;En unos años, los niños podrán fácilmente llevar a sus padres a la Corte por publicar fotos de ellos cuando eran menores. En ciertas etapas, los niños no quieren ser fotografiados y mucho menos que esas imágenes se hagan públicas&#8221;, advirtió el experto en ética y leyes de Internet Eric Delcroix.</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> En la Argentina, donde no existe una ley específica como la francesa, es un escenario muy poco probable, aunque Gamen asegura que hay herramientas legales suficientes para que un menor pueda demandar a sus padres si se siente afectado.</span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;">Pero para el abogado, lo realmente importante es que los chicos puedan expresarse respecto del uso que los adultos hacen de su propia imagen en las redes sociales. &#8220;El enojo del niño es un buen síntoma y deberíamos alegrarnos de eso. -plantea-. Sin duda demuestra un cuidado del menor de su imagen y de su reputación.&#8221;</span></p>
<p><strong><span style="color: #000000; font-family: Calibri;">Fuente: la nación</span></strong></p>
<p><strong><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> Publicado por Área de Pediatría Hospital Español de La Plata      </span></strong></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> </span></p>
<p><span style="color: #000000; font-family: Calibri;"> </span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Generación digital: la era tablet</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Oct 2014 15:21:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>papis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno de los juguetes favoritos de Juan, de casi tres años de edad, es una pequeña tableta electrónica. Para la madre de este niño las aplicaciones de la tableta permiten que su hijo juegue con toda clase de objetos, como con un piano virtual. “Todos los juguetes se condensan en una pequeña pantalla”, dice la]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Uno de los juguetes favoritos de Juan, de casi tres años de edad, es una pequeña tableta electrónica. Para la madre de este niño las aplicaciones de la tableta permiten que su hijo juegue con toda clase de objetos, como con un piano virtual. “Todos los juguetes se condensan en una pequeña pantalla”, dice la madre de Francisco. Para ella, las tabletas no representan un peligro si se modera su utilización y se compensa con otro tipo de juegos. “Vivimos en una sociedad rodeada de pantallas. No creo que deba prohibirle jugar con ellas” refiere la madre.</p>
<p style="text-align: justify;">Los pediatras nos enfrentamos ante un nuevo “consumo”: la tableta. Un consumo que trae todo tipo de consecuencias a edades cada vez más tempranas. El niño pasa horas al día frente a la Tablet, solo, en silencio, interactuando con una pantalla, hablándole y gritándole a una pantalla. Lo importante para él pasa a ser su dedito y la pantalla.</p>
<p style="text-align: justify;">Estamos así ante un niño que no sociabiliza, que consume todo lo que le ofrece la Tablet, que le genera un poder muy peligroso al ser él quien siempre deba ganar todos los juegos que realice. Asimismo, ese niño no juega con otros niños, deja de vincularse desde la palabra y el afecto para con su entorno y va quedando cada vez más aislado de la realidad para fabricarse otra totalmente ficticia y absolutamente creíble para él y, la mayor parte de las veces, una realidad violenta.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuevamente los niños se enfrentan a lo mágico, a la instantaneidad, todo para él debe ser ahora y ya. La capacidad de espera y la tolerancia a la frustración como factores protectores esenciales a educar durante la infancia desaparecen. Los adultos tienen un exceso de permisividad y de sobreprotección material de los hijos, quienes después deberán sobrevivir en una sociedad competitiva y frustrante. Se está originando un choque que, en ocasiones, es difícil de digerir y puede acarrear trastornos de personalidad. De ahí que los límites deben estar muy presentes desde el nacimiento para ayudar al niño a reforzar su personalidad y conocer desde muy pequeño que no es omnipotente y que las frustraciones existen en la vida real.</p>
<p style="text-align: justify;">Los límites tienen que estar muy claros desde muy pequeños, porque ponerlos en la adolescencia ya será tarde. Los niños desde que nacen tienen que aprender a diferenciar entre el bien y el mal, que no tienen por qué tener todo aquello que desean, y que existe una correlación entre un premio y un comportamiento adecuado.</p>
<p style="text-align: justify;">El psicólogo infantil francés, Serge Tisseron, teme que las aplicaciones de las tabletas táctiles no transmitan correctamente la representación de un espacio tridimensional, etapa clave en el desarrollo de los niños menores de dos años. “Sabemos que los niños deben utilizar todos sus sentidos”, explica.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante los dos primeros años de vida el cerebro triplica de tamaño, formando unas sinapsis que resultan del contacto entre el niño y los objetos que huele, muerde o tira. El uso excesivo de las nuevas tecnologías como tablets, Smartphones y videojuegos llega a producir estados psicológicos depresivos, estrés infantil, conductas obsesivas compulsivas, déficit de atención, entre otros trastornos.</p>
<p style="text-align: justify;">A pesar de la interactividad proporcionada por las tabletas táctiles, Tisseron asegura que esas nuevas tecnologías son limitadas en términos sensoriales, ya que el gusto y el olfato no son utilizados.</p>
<p style="text-align: justify;">La analista estadounidense de la tecnología de consumo Sarah Rotman, cuenta que a su hijo de dos años “le encanta pintar en papel, pero ahora se frustra cuando los dibujos no se mueven. Y eso creo que se debe a la cultura persuasiva del video y de la animación”. Para el pediatra estadounidense Ari Brown, el peligro de las tabletas es que no requieren el mismo esfuerzo intelectual que algunos juguetes tradicionales. “Ninguna aplicación electrónica puede ser capaz de restituir el dilema que supone encajar dos cubos de madera”, explica Brown.</p>
<p style="text-align: justify;">Sería difícil cuestionar actualmente todo lo que Internet aporta en nuestras vidas, principalmente en cuestiones de comunicación; tan solo en los últimos 15 años pasamos de comprar música, libros y películas en tiendas, a hacerlo desde Internet.</p>
<p style="text-align: justify;">La tecnología está envolviendo por completo a las nuevas generaciones y dejando un poco rezagadas a las anteriores. Los que nacimos en la era análoga (previa a Internet) tenemos una visión un poco más completa sobre la comunicación, la interacción entre personas y, sin duda, el consumo de medios. Tan solo una persona de más de 25 años sabe que en aquel entonces para enterarse de las noticias locales o del mundo se requería de un periódico impreso o de un noticiero de tv, y que el medio más inmediato era la radio. De ahí que en desastres naturales, guerras o eventos de gran magnitud, la gente pasara gran parte de su tiempo al lado de un aparato de radio para enterarse de lo último.</p>
<p style="text-align: justify;">Actualmente, no es novedad ver que los jóvenes pasen menos tiempo frente a la TV o escuchando la radio, y más tiempo utilizando Internet, en especial las Redes Sociales, con la posibilidad que siempre debe estar planteada del cyberbullying.</p>
<p style="text-align: justify;">Para un adolescente menor de 17 años, un diario es un objeto casi obsoleto que no tiene sentido en su vida, ya que está acostumbrado a que la información le llegue de forma inmediata y a través de Internet, y en el caso del diario las noticias son del día anterior, lo cual en su esquema de consumo de medios es inadmisible.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta necesidad de inmediatez en el consumo de información está provocando que los jóvenes confíen más en medios como Facebook, Twitter o Youtube, lo cual presenta un reto para quienes trabajamos en estos temas y debemos formularnos estas preguntas:</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué contenido están viendo en Redes Sociales?</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué noticias les llegan y cómo les llegan?</p>
<p style="text-align: justify;">¿En quién confían para recibir información?</p>
<p style="text-align: justify;">Estas tres preguntas deberían responderlas tanto padres de familia como maestros, y hasta los mismos gobiernos, ya que en unos años veremos a esas generaciones en la necesidad de involucrarse en la vida laboral pero, desde mi perspectiva, si no se les guía de forma adecuada desde ahora, podrían llegar a la edad adulta con unos huecos muy grandes a nivel cultural y emocional, producto de lo que vieron o dejaron de ver cuando eran niños o adolescentes.</p>
<p style="text-align: justify;">La Academia Americana de Pediatría publicó en 2011 un artículo que expone los riesgos que corren los niños en Redes Sociales, desde el punto de vista médico, e invita de forma puntual a los padres y pediatras a guiarlos en esta actividad para prevenir situaciones como Bullying, Sexting, acoso e incluso adicción a Internet.</p>
<p style="text-align: justify;">Actualmente, en cualquier parte del mundo los juguetes para muchos niños son dispositivos móviles que aprenden a utilizar de forma intuitiva: abren aplicaciones, toman fotografías y visualizan vídeos. Es natural para ellos deslizar sus dedos en las pantallas táctiles y ver a sus personajes favoritos, pero siguen siendo los adultos los responsables de guiarlos en el uso de la tecnología.</p>
<p style="text-align: justify;">Algunos estudios han demostrado que mientras más televisión ven los niños en sus años de formación, son más propensos a tener problemas de atención, y en el caso de las tabletas resulta prácticamente lo mismo. Hace algunos años era un tema popular los efectos que la tecnología causaba en los niños y cómo esta afectaba las relaciones interpersonales. Ahora sabemos que no se trata sólo del acceso a la tecnología, sino también del uso de ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestros niños son nativos digitales, han nacido con tecnología y deberíamos aprender a utilizarla para nuestro beneficio, en vez de pensar ilusamente que podremos aislarlos de ella. Hay investigaciones que señalan que un niño no debería estar expuesto más de una hora y media diaria a pantallas, por lo tanto, deben incluirse en esta lista todos los aparatos como televisores, PlayStation, Nintendo, PC, tabletas y celulares.</p>
<p style="text-align: justify;">Respecto a si las tablets son una buena herramienta educativa, esta debe utilizarse como una herramienta supervisada por el adulto, que debe acompañar al niño y reforzar sus aciertos o corregir sus errores en el momento, magnificando los comentarios, adaptándolos a la edad del niño, al tipo de lenguaje o a su ritmo de aprendizaje. El uso excesivo de las nuevas tecnologías como tabletas, Smartphones y videojuegos, producen estados psicológicos depresivos, estrés infantil, conductas obsesivas compulsivas, déficit de atención, entre otros trastornos.</p>
<p style="text-align: justify;">Por ello, es recomendable que tanto los padres de familia como los educadores rescaten los juegos infantiles al aire libre, pasen más tiempo con ellos, recuperen la parte afectiva y social cara a cara, con el fin de no criar niños y adolescentes con trastornos psicológicos.</p>
<p style="text-align: justify;">Según datos recogidos a fines de 2011 entre 2.200 padres y niños, el 15% de los pequeños de entre tres y ocho años usa el iPad de sus papás y el 9% tiene su propio iPad. Según este estudio, el 77% de los padres consultados cree que la experiencia de su niño con la tableta lo ayuda a aprender a resolver problemas y que es bueno para desarrollar un pensamiento creativo.</p>
<p style="text-align: justify;">Debemos trabajar junto a los padres para que reconozcan que su propio modo de utilizar los medios de comunicación puede tener un efecto adverso en sus hijos. Estimular el desarrollo intelectual y emocional de los niños desde bebés no pasa por sentarlos frente al televisor, el DVD, la tablet ó la computadora y ponerles videos infantiles.</p>
<p style="text-align: justify;">Dra. Nora Reboledo</p>
<p style="text-align: justify;">Médica Pediatra – Médica Especialista en Adolescencia</p>
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		<title>Los niños, los adolescentes y nuestra responsabilidad</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Jan 2014 22:44:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>papis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Alejandra Inés Lacroze* Los vínculos entre iguales son el nombre de nuestra época[1]. Amigos, hermanos, compañeros o novios se imponen sobre el antiguo verticalismo de padres, maestros, abuelos y tutores. Es una realidad verificable en distintos ámbitos y situaciones. Por eso, al abordar la problemática de los nuevos niños y adolescentes, es necesario contemplar]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Por Alejandra Inés Lacroze*</em></p>
<p>Los vínculos entre iguales son el nombre de nuestra época<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. Amigos, hermanos, compañeros o novios se imponen sobre el antiguo verticalismo de padres, maestros, abuelos y tutores. Es una realidad verificable en distintos ámbitos y situaciones. Por eso, al abordar la problemática de los <strong>nuevos niños y adolescentes</strong>, es necesario contemplar los factores históricos y sociales. Esto significa que no hay “psicología” que pueda prescindir de la “sociología”, y que no hay observación del individuo que consiga soslayar su entorno, sus relaciones, y sus vínculos con los otros.</p>
<p>Esas relaciones y vínculos hoy se ven afectados por un paulatino debilitamiento de las instituciones y por un sentimiento de desamparo y de malestar que impregna las formas de amar, de relacionarse y de vivir la cotidianeidad y la sexualidad, tanto en la infancia como en la adolescencia, y lo mismo en el plano de la <i>parentalidad</i> que en el de la <i>filiación</i>.</p>
<p>Vivimos, utilizando un concepto del historiador argentino Ignacio Lewcowicz, en la <i>“era de la fluidez”</i>.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>En ella, la conexión entre dos puntos del espacio no es obligatoria ni necesaria; en un medio fluido, dos puntos cualesquiera en el espacio —el padre y el hijo, uno y su puesto de trabajo, el docente y el alumno, o un hombre y una mujer— están y permanecen juntos sólo porque han realizado las operaciones pertinentes para ello, y no porque un andamiaje cultural o institucional los confine en un mismo espacio.</p>
<p>En esas condiciones, los vínculos cambian de cualidad y quedan supeditados a la dinámica de los encuentros y desencuentros.</p>
<p>Ante la aparición del sentimiento de soledad, y de lo que el citado Lewcowicz llama <i>“desolación”</i>,<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> se vuelven necesarias las relaciones de cuidado. Pero los cuidados son definidos caso por caso: no hay un manual ni recetas fijas para eso.</p>
<p>Las instituciones deben aportar, en su aspecto social, referentes y sentido a todas las cosas. En otras palabras, tienen que cargar de razón de ser a las acciones, los sentimientos, los pensamientos y valores de un grupo o comunidad.</p>
<p>Sin embargo, una simple observación de lo que pasa nos deja ver que muchas de las instituciones tradicionales de nuestro medio están lejos de proveer las seguridades y amparos que los adultos (y más aún los niños y adolescentes) necesitamos.<br />
<b></b></p>
<p>Entonces nos preguntamos cómo podremos generar otra vez ese sano juego de identificaciones que permita el desarrollo pleno de los individuos y que, a la vez, les dé nueva vida y fortaleza a nuestras instituciones.</p>
<p>Y aunque no obtengamos en lo inmediato una respuesta, la pregunta correctamente formulada será nuestra guía en este mar de la fluidez, sin faros a la vista.</p>
<p><b>Intimidad y espectacularización</b></p>
<p>Una de las mayores transformaciones de nuestra época se está produciendo como fruto de la revolución en las comunicaciones y el desarrollo tecnológico. Los nuevos medios, las redes y su dinámica diaria están cambiando nuestro modo de relacionarnos y la permanente “puesta en escena” de la vida social crea límites borrosos o confusos entre ficción y realidad.</p>
<p>Los <strong>procesos de identificación</strong> son cada vez más rápidos y volátiles. Se asemejan a un <i>juego de rol</i> y a un <i>cosplay</i> (cambio de vestuario), con posibilidad permanente de entrar y salir por parte de los protagonistas.</p>
<p>La tecnociencia y la mayor accesibilidad a sus propuestas y posibilidades despierta en adultos y jóvenes una vocación fáustica: la ilusión de que es posible vencer al tiempo, quebrar la secuencia de los ciclos biológicos y elegir, no importa la edad, qué cuerpo (y qué alma) ponernos para cada ocasión.</p>
<p>En este contexto, el aspecto corporal —lo visible— cobra un valor desmedido en la vida de la gente y algunos comienzan a pensar el <i>propio</i> cuerpo como un <i>objeto de diseño, </i>que será modelable a su antojo.</p>
<p>Otro rasgo importante de la cultura actual es la exhibición de la intimidad, bajo la forma de la espectacularización (puesta en escena e incluso parodia) de la personalidad.</p>
<p>Hoy la introspección ha sido reemplazada por un gesto simétrico y opuesto: el de la exhibición y la exposición sin límites, al ritmo de los <i>reality shows</i> televisivos y de las redes sociales.</p>
<p>Las fronteras entre el mundo infantil y el mundo adulto también tienden a diluirse, y los niños participan cada vez más de formas del juego y la diversión que son propias de la vida adulta, en un abanico que va desde el sexo y el consumo de alcohol, hasta los conflictos familiares y el delito.</p>
<p>Nuestros esfuerzos como adultos deberían estar dirigidos a facilitarle a los niños, con los elementos que disponemos, la comprensión de esa realidad en la que tanto ellos como nosotros estamos inmersos, inevitablemente, en lugar de esperar que se comporten de acuerdo a nuestros deseos y a nuestra idea de la infancia. Dijo una vez el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein: <i>“El mundo es lo que pasa y lo peor sería pensar que lo que pasa es un error”.<a title="" href="#_ftn4"><b>[4]</b></a></i></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Los ritos contemporáneos</b></p>
<p align="left">En <a title="" href="#_ftn5"><i><b>[5]</b></i></a><a href="http://papis.com.ar/?p=1391"> <i>Los rituales contemporáneos ¿de qué ritos se trata?</i></a> se lee que los rituales tienen siempre un soporte colectivo.<br />
Una muestra clara la encontramos en la aparición de los desórdenes de alimentación, en la bulimia y la anorexia, que se han vuelto tan comunes entre los adolescentes.</p>
<p align="left">Allí vemos que aquellos viejos rituales del “comer mucho” de nuestros abuelos han sido reemplazados no por la preceptiva de “comer bien”, sino sencillamente por la de comer poco o sencillamente no comer, con el soporte de una cultura que ha puesto la delgadez como paradigma de belleza y salud.</p>
<p>Otro nuevo ritual que se observa en los jóvenes, durante la llamada “previa” o “preboliche”, es beber grandes cantidades de alcohol.</p>
<p>El ritual, sostenido muchas veces por el grupo, desemboca invariablemente en una conducta desenfrenada, en la que el “descontrol” pasa a ser una virtud.</p>
<p>Ese descontrol pone en riesgo la vida de estos jóvenes alcoholizados y también la de los que los que no lo están. Peleas, intoxicaciones y accidentes de tránsito son situaciones corrientes.</p>
<p>El consumo excesivo de alcohol, además, es factor importante de embarazos adolescentes, de relaciones sexuales de alto riesgo e, insistimos, de violencia entre nuestros jóvenes.</p>
<p>Volviendo al tema de los ritos<i>,</i> uno de los componentes históricos de estos en una tribu o grupo es la limitación de los excesos, ya que atentan contra la misma vida del grupo. Entonces, ¿podemos llamar “rito” a estas nuevas prácticas?</p>
<p>Estas acciones vaciadas de sentido, repetidas, redundantes, no tienen nada que ver con los saludables rituales de la amistad, la fraternidad, el deporte, el juego y la diversión juveniles.</p>
<p>El buen ritual, que también es una conducta de sostén colectivo, es la mejor manera de estar con los otros y de vivir en sociedad.</p>
<p>Un niño necesita de un adulto confiable que actúe como decodificador y como organizador de sus experiencias. El lazo creado entre las generaciones pone en tensión la compleja trama entre las “vidas vividas” y las “no vividas”, tal como ha observado Graciela Frigerio, que ha estudiado especialmente el contexto argentino.<a title="" href="#_ftn6">[6]</a> Los padres deberían actuar como <i>anfitriones</i>, ya que sus hijos necesitan ser alojados en la trama familiar, social y cultural. Necesitan un “holding” (un sostén, algo que los rodee y los cuide). Sin embargo, realizar esa contención se hace complicado.</p>
<p>A menudo, cuando surge un problema con un chico, asistimos a un endoso y/o transferencia de responsabilidades: de los padres a la escuela, de la escuela al inspector, del inspector a las autoridades, y así. Mientras tanto, como decimos habitualmente entre colegas, “los chicos se caen”.</p>
<p>¿Cómo armonizar esa creciente ampliación de derechos que hoy vivimos con la necesidad de ejercer de un modo legítimo —y razonable— la autoridad?</p>
<p>La palabra clave, como ya hemos dicho, es cuidar. Cuidar de nuestros niños y jóvenes. Evitar que naufrague su experiencia vital en las nuevas realidades en las que les toca crecer y desarrollarse.</p>
<p>El verbo <i>cuidar</i> tiene tres acepciones, todas válidas para el tema que aquí tratamos. Significa <i>“asistir</i> y <i>ayudar”</i>; <i>“dedicarse</i> y <i>preocuparse”</i>, y también <i>“advertir sobre el peligro”</i> (“¡Cuidado!”). Usemos la acepción que corresponda en el momento en que tengamos que hacerlo.</p>
<p>Velar por el cumplimiento de las leyes —códigos indispensables de la vida social—, cuidar especialmente a aquellos que amamos y propender a disfrutar plenamente de los bienes que atesora nuestra cultura es responsabilidad social ineludible.</p>
<p>Valga esta reflexión como prefacio de la actual campaña de prevención.</p>
<p><b>(*) Lic. en Psicología (UCA).  Miembro de APdeBA y de la International Psychoanalitical Association (IPA). Maestría en Pareja y Familia (IUSAM-APdeBA). Directora de “Mi cuerpo es mi casa” Programa de formación de líderes para prevenir  problemas en  alcohol y otras drogas en escuelas y clubes desde salita de 3 años de preescolar</b></p>
<div><br clear="all" /></p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> <b>-Cantarelli, Mariana</b>. Después de la familia tipo qué? A propósito de historias de   familia. Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. Dirección Nacional de Gestión Curricular y Gestión Docente. Viernes 15 de setiembre de 2006 en la Ciudad de Formosa</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>  <b>Lewcowicz, I.</b> “Sobre la destitución de la infancia. Frágil el adulto, frágil el niño”</p>
<p>Conferencia en el Hospital Posadas. 18 de setiembre de 2002.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> <b>Lewkowicz, Ignacio .</b><b> </b>: <i>Pedagogía del Aburrido</i>. <i>Escuelas destituidas, familias perplejas. (2004) </i>Cap. 5. La institución materna. Paidós educador 2009</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Moreno, Julio .<i>Ser humano: la inconsistencia, los vínculos, la crianza. </i>3ª edición<i> </i>Buenos Aires. Letra viva. 2010</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a></p>
<p>Lacroze, Alejandra; Micó, Silvina; Salguero, Marcela. “Rituales contemporáneos ¿de qué ritos se trata? “XXXV Simposio Anual de Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA) . Las realidades del psicoanálisis: teoría, clínica y transmisión. 31 de octubre. 1 y 2 de noviembre de 2013. Buenos Aires.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Frigerio, Graciela. “A propósito de vínculos y des-enlaces” Curso de Postgrado “Devenir y subjetivación. El trabajo del habitar”. Departamento de Familia y pareja de Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA )Programa de actualización clínico académica con acreditación del  Instituto Universitario de Salud Mental ( IUSAM) (2013)</p>
</div>
</div>
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		<title>¿Dónde nos encontramos? ¡En el cyber espacio!</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Jan 2014 18:22:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>papis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
		<category><![CDATA[cyberespacio]]></category>
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		<description><![CDATA[Hijos + Tecnología: ¿cómo es en vacaciones? Por Lic. Gisela Holc* De los viejos encuentros de adolescentes en Santa Fe y Callao, o las esquinas típicas, solo quedan los relatos y recuerdos. Los adolescentes hoy se encuentran en un espacio diferente: el espacio virtual. Allí suceden citas, encuentros, desencuentros y finalmente, los lugares de las]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hijos + Tecnología: ¿cómo es en vacaciones?</strong></p>
<p><em>Por Lic. Gisela Holc* </em></p>
<p>De los viejos encuentros de adolescentes en Santa Fe y Callao, o las esquinas típicas, solo quedan los relatos y recuerdos. Los adolescentes hoy se encuentran en un espacio diferente: el espacio virtual. Allí suceden citas, encuentros, desencuentros y finalmente, los lugares de las fiestas o salidas se acuerdan.</p>
<p>Este primer lugar de encuentro hoy, altamente concurrido es el espacio tecnológico, las redes sociales en sus diferentes formatos son los que nuclean a la gente joven y no tanto. Cabe señalar que cada vez son más chicos los chicos que allí se encuentran y cada vez son más los grandes que también lo hacen.</p>
<p>El interés principal que encuentran los más chicos en estas redes es de socializar, vincularse, estar en contacto, entretenerse. Ellos buscan encontrarse y chatear con gente conocida, amigos, amigos de amigos, buscan compartir fotos, música, videos, no solo se escriben sino que también se hablan y se ven. La constitución de esta nueva forma de  realidad, que no solo es el presente sino también el futuro. Como padres  debemos  conocerla y aceptarla, aprender a convivir con ella, pues como herramienta general tiene muchas ventajas y con los riesgos o desventajas que esta acarrea  hay que aprender a reconocer, resolver y prevenir.</p>
<p>Ya durante el año escolar, detectamos que el uso de internet  puede ser adictivo para sus usuarios, mucho más ahora en verano para los adolescentes, quienes al haber finalizado su ciclo escolar que les organiza el día, el tiempo, ahora están más relajados, sin presiones ni obligaciones. Todos los días son como fin de semana. Se convierte en un terreno fértil para sembrar o profundizar la adicción a las tecnologías.</p>
<p>El insomnio tecnológico es uno de los síntomas más frecuentes en nuestros jóvenes. El uso abusivo de las pantallas es contraproducente para conciliar el sueño. Mientras la televisión los mantenía en un rol más pasivo -de observadores-,  las computadoras, Ipods, smartphons los mantienen en una actitud interactiva y en estado de alerta y contacto. Por ende, están menos relajados a la hora de conciliar el sueño ya que nos mantiene activados cognitiva, emocional y fisiológicamente.</p>
<p>Si bien es importante poder flexibilizar el horario de ir a dormir durante las vacaciones también es importante que haya cierto límite. Se podrá negociar con ellos el horario, pero es bueno que exista un horario máximo de dormirse y también de despertarse, para dar cierto orden a la vida y dinámica familiar.</p>
<p>Es bueno que los chicos puedan dormir todo lo que necesiten, después de un año de estrés, tensión escolar, desgaste y cansancio. Dormir es reparador del cansancio físico y emocional, también permite recuperar energía, dar lugar al descanso, al ocio, a la nada y a la dispersión, todas ellas son importantes en su justa medida.</p>
<p>Si bien los más jóvenes se encuentran en el espacio cibernético, es importante también que puedan mantener encuentros físicos concretos con sus pares, amigos. Si un padre observa que su hijo se aísla, se encierra en su habitación o su computadora, o está absorto con su celular, y no se ve con otros chicos de su edad, en primer lugar debe estimularlo a que lo haga.  Si  se rehúsa, puede estar quedando en evidencia cierta dificultad para relacionarse, sea por timidez, o motivos más serios como fobia social, ansiedad, o depresión. En el verano, al no tener que ir a la escuela y tener la vida organizada de manera estructurada, pueden quedar en evidencia situaciones que la estructura escolar puede enmascarar.</p>
<p>Por otro lado, chicos que no pueden dejar de conectarse, están hiperpendientes de su smartphone convirtiéndolo casi en una extensión de si mismos. Chicos que hasta van al baño con sus teléfonos y no logran hacer nada sin estar conectados por temor a quedar excluidos de cierta información o por la ansiedad que les genera esta desconexión puede presentar síntomas de adicción a la tecnología, encubriendo dificultades para transitar y elaborar situaciones emocionalmente significativas.</p>
<p>Aunque sean adolescentes y ellos se sientan grandes e independientes y que en algunos aspectos ya lo sean, aún necesitan de  nuestra guía como padres. El sutil equilibrio entre no ser permisivo sin ser autoritario sigue siendo un desafío, evolucionar, informarse y saber qué mirar para ayudarlos a crecer con contención y coherencia transmitiéndoles valores y sentido.</p>
<p>No seamos un amigo más de nuestros hijos en la lista de sus contactos. Tengamos presente también, los padres usuarios de las redes sociales, que nuestros hijos nos miran y aprenden de nosotros más por lo que hacemos, que por lo que decimos. Autoobservemos, registremos sin juzgar nuestros propios comportamientos y luego reflexionemos qué modelos de identificación estamos ofreciéndoles a nuestros chicos.</p>
<p>Y si algo nos preocupa animémonos a afrontarlo. ¿Cuáles pueden ser los motivos que lo llevan a aislarse? ¿Cuáles son las emociones presentes cuando no puede relacionarse personalmente con sus pares? ¿Cuál es su sensación cuando no puede dormir? ¿Por qué no puede desconectarse de su teléfono móvil, qué necesidades emocionales busca satisfacer? ¿Hay ansiedad, temor a la exclusión, a quedarse afuera de lo importante?</p>
<p>Obsevemos sin minimizar ni naturalizar situaciones, asi como sin exagerar ni alarmarse. Ojos bien abiertos para detectar a tiempo situaciones de riesgo y poder intervenir adecuadamente para reencauzar, con todo el amor que requiere educar a nuestros hijos.</p>
<p><strong>  </strong></p>
<p><strong>*Lic. Gisela Holc. </strong>Psicóloga</p>
<p>Hémera, Centro de estudios del estrés y la ansiedad</p>
<p><a href="http://track.imagenesdecorreos8.com.ar/?email=glogrosman%40hotmail.com&amp;ID=VSCOMM&amp;Track=116801&amp;row=%29%2aROW%2a%21&amp;cmd=C&amp;redirect=http://www.hemera.com.ar" target="_blank">www.hemera.com.ar</a></p>
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		<title>Colegios sin computadoras</title>
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		<pubDate>Tue, 07 May 2013 19:49:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>papis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Niños]]></category>
		<category><![CDATA[colegio]]></category>
		<category><![CDATA[computadoras]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Dr. Rodrigo Matamoros Para reflexionar: Cerebros de Silicon Valley envían a sus hijos a un colegio sin computadoras. No hay televisores ni PC, sólo tiza y pizarrón, los niños aprenden a tejer, coser y hornear pan. Un establecimiento privado en el que recién se enseña informática a los 13 años. La WaldorfSchool de Peninsula,]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Por Dr. Rodrigo Matamoros</em></p>
<p>Para reflexionar:<br />
<strong><em>Cerebros de Silicon Valley envían a sus hijos a un colegio sin computadoras.</em></strong></p>
<p>No hay televisores ni PC, sólo tiza y pizarrón, los niños aprenden a tejer, coser y hornear pan. Un establecimiento privado en el que recién se enseña informática a los 13 años. La WaldorfSchool de Peninsula, en California, es una de las escuelas privadas que eligen los hiperconectados empleados de Google, Apple y otras empresas de punta de la computación para que sus hijos se eduquen alejados de todo tipo de pantalla, según un informe del diario Le Monde sobre una nueva tendencia tech: la desconexión.</p>
<p>Tres cuartos de los alumnos inscriptos en la Waldorf son vástagos de personas que trabajan en el área de las nuevas tecnologías. &#8220;La gente se pregunta por qué profesionales de la SiliconValley, entre ellos algunos de Google, que parecen deberle mucho a la industria informática, envían a sus hijos a una escuela que no usa computadoras&#8221;, comentó Lisa Babinet, profesora de matemáticas y cofundadora de la escuela primaria, en la conferencia anual Google Big Tent.</p>
<p>El periódico francés recoge el testimonio de uno de estos padres: Pierre Laurent, que eligió esta escuela porque cuestiona la tendencia actual a equipar en informática a las clases desde una edad cada vez más temprana. &#8220;La computadora no es más que una herramienta. El que sólo tiene un martillo piensa que todos los problemas son clavos&#8221;, dice. &#8220;Para aprender a escribir, es importante poder efectuar grandes gestos. Las matemáticas pasan por la visualización del espacio. La pantalla perturba el aprendizaje. Disminuye las experiencias físicas y emocionales&#8221;.</p>
<p>En la Waldorf esa limitación no existe: se aprende a sumar y a restar dibujando o saltando a la cuerda. Consultado acerca de si no le preocupa que sus hijos estén en desventaja por este retraso en el uso de la PC, Laurent responde: &#8220;No sabemos cómo será el mundo dentro de 15 años, las herramientas habrán tenido tiempo de cambiar muchas veces. Por haber trabajado 12 años en Microsoft, sé hasta qué punto los softwares son preparados para ser del más fácil acceso posible&#8221;. También recuerda que todos los alumnos de la Waldorf tienen computadora en sus casas. La cuestión se reduce entonces a decidir cuándo levantar las limitaciones a su uso.</p>
<p>Richard Stallman, el gurú del software libre, trabaja desconectado: &#8220;La mayor parte del tiempo no tengo Internet. Una o dos veces por día, a veces tres, me conecto para enviar y recibir mis correos. Releo todo antes de enviar&#8221;.</p>
<p>Así como por un lado muchas personas sufren de nomofobia, es decir el miedo a no estar conectado (teléfono, Internet, etc.), otros ya empiezan a dar la vuelta y a recuperar el placer de la desconexión. Fred Stutzman , investigador de la Carnegie MellonUniversity , desarrolló incluso un programa llamado Freedom que bloquea el acceso a Internet durante 8 horas seguidas, obligando a reiniciar la computadora para reactivar el servicio. Deseoso de poder escribir sin distracciones, también diseñó Anti-social, un software que permite el acceso a Internet pero sin diversiones tales como Facebook y Twitter. &#8220;Las computadoras se han convertido en máquinas de distracción. Hay que equiparse hoy de funcionalidades que las devuelvan a su rol de máquina de escribir&#8221;, dice. &#8220;Es una forma de comprar tiempo&#8221;.</p>
<p>Sherry Turkle, del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT, por sus siglas en inglés), autora del libro AloneTogether (Solos juntos), dice que mirar sus mails o SMS frente a otros puede ser tan contagioso como un bostezo: &#8220;La gente pasa 90% de su tiempo de trabajo con los mails, y en su casa envían SMS estando a la mesa&#8221;.</p>
<p>El informe de Le Monde pronostica que cada vez habrá más gente pidiendo asistencia para desconectarse. No es un fenómeno de masas, sino más bien una tendencia minoritaria que involucra más bien a los sectores más acomodados. &#8220;Algunos tienen el poder para desconectarse y otros, el deber de permanecer conectados&#8221;, dice el sociólogo Francis Jauréguiberry, que investiga el tema. Los &#8220;pobres&#8221; de la tecnología son los que no pueden eludir la responsabilidad de responder de inmediato un correo electrónico o un mensaje de texto. Los nuevos ricos, por el contrario, son aquellos que tienen la posibilidad de filtrar e instaurar distancia respecto a esta interpelación. Lo mismo, dice Jauréguiberry, pasó con la televisión: el sobreconsumo es cosa de las clases populares.</p>
<p>www.mi-pediatra.blogspot.com.ar<br />
<strong>Dr. Rodrigo Matamoros</strong></p>
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