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	<title>Papis - El portal para Padres &#187; perdon</title>
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	<description>Papis es el portal de Atención Pediatrica Integral</description>
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		<title>  Cómo pedir perdón a nuestros hijos sin perder autoridad</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Oct 2017 01:22:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>papis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Niños]]></category>
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<p>Los niños aprenden de lo que ven. Somos los adultos, especialmente los padres, los modelos que tomarán cuando tengan que enfrentarse al mundo. Como parte de este aprendizaje, es muy importante que vean cómo los mayores reconocemos lo que hemos hecho mal, asumiendo las responsabilidades y pidiendo disculpas por ello. Es una manera de valorar a los demás y crecer como persona. Aquí te damos algunas claves para pedir perdón a los niños.</p>
<p>“El que tiene boca se equivoca”. “Rectificar es de sabios”. “Errar es humano, perdonar es divino”. “Equivocarse es un defecto de todos, pedir disculpas es una virtud de pocos”. Existen numerosos refranes y dichos populares que se refieren al tema que nos ocupa, lo que nos muestra la importancia que tiene.</p>
<p>Dar las gracias no supone mucho esfuerzo. Es una forma de reconocer al otro. Sin embargo, pedir disculpas implica mucho más que decirlo. Es asumir que nos hemos equivocado. Es reconocer un fallo. Es mostrar la parte que menos nos gusta de nosotros mismos. Pero es fundamental que lo hagamos delante de nuestros hijos e incluso con ellos si les hemos ofendido. Veamos por qué.</p>
<p>Desde que nace, el ser humano necesita relacionarse con los demás</p>
<p>Es bien sabido que los bebés pasan por varias etapas en su desarrollo normal, que modifican su manera de interactuar con el resto de personas, sobre todo en los primeros años de vida. En un primer momento surge la figura del apego, alguien que el niño adopta como referencia para sentirse seguro y estar calmado. Poco después es capaz de reconocer a sus seres queridos y amplía el círculo de personas con las que está a gusto, aunque sobre los 6-12 meses aparece un período de miedo ante los extraños, no se deja coger por desconocidos y llora con fuerza cuando se le acercan. Semanas después se le pasa y vuelve a disfrutar en compañía de otros. Ya en la etapa de guardería empieza a ver a los demás niños, aunque no parecen interesarse unos por otros y juegan en paralelo sin interactuar. Finalmente, hacen relaciones de amistad y desean estar con más personas.</p>
<p>Todo ello es normal, habiendo incluso variaciones de unos niños a otros. En todo este aprendizaje y crecimiento personal, es fundamental que los niños tengan referentes. De ellos copia el futuro modelo de relación con los demás. Y al igual que se les enseña a caminar, leer y descubrir el mundo, también se les debe guiar para poder alcanzar una adecuada interacción social.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">¿Qué se les enseña al pedir perdón por los errores cometidos?</span></p>
<p>Reconozco que me he equivocado y no pasa nada. No soy el mejor ni soy perfecto. A veces hago las cosas mal y me doy cuenta de ello. Además, asumo la responsabilidad que me corresponde.</p>
<p>Me importas. Te he ofendido, de una manera u otra, y estoy disgustado por ello. Me gusta que estés bien y las cosas que a ti te parecen importantes las tengo en cuenta.</p>
<p>Entiendo tus sentimientos. He sido capaz de reconocer que te ha molestado lo que he hecho. Demuestro empatía.</p>
<p>Soy capaz de resolverlo. Además de pedir perdón, hago lo que puedo para reparar el daño que he causado.</p>
<p>Una vez comprobada la importancia de pedir disculpas a los niños y estando convencidos de que debemos hacerlo, ¿cuál es la mejor manera?</p>
<p>Como en otras ocasiones, aquí no hay reglas. Los límites los pone tu imaginación. Las claves son hacerlo con sinceridad y dándole seriedad, sin ridiculizar la situación. No vale de nada decir un “perdón” de pasada, como si fuese un estornudo, ni exagerarlo hasta que parezca de broma.</p>
<p>Lo primero es ponerse a la altura del niño y mirarle a los ojos. Con esto conseguimos captar su atención y centrarnos en el asunto. Además de pedir disculpas, conviene decir el motivo, explicando brevemente lo que ha pasado para que ambos tengan claro de lo que se trata. Debemos esperar a que el niño dé su respuesta, ayudándole si es necesario. Esto es importante porque demuestra que él debe decidir si acepta o no lo que le decimos. Y lo tenemos que respetar. A veces al niño le cuesta comprender nuestros motivos, por lo que hay que darle tiempo. A esto también se aprende. Exprésale cómo te sientes después de haberle pedido perdón, si notas alivio, calma, paz interior. Dale las gracias por entenderlo.</p>
<p>Finalmente, si ha habido un daño que se pueda reparar (algún juguete roto o perdido, un malentendido…) hay que buscar la forma de solucionarlo, poniendo lo que esté en nuestra mano. Esto demuestra un compromiso y unas verdaderas ganas de comenzar de nuevo.</p>
<p>Así que ¡ánimo!, perdamos el miedo a pedir perdón a los niños porque es algo muy beneficioso para todos.</p>
<p><strong>Sociedad española de pediatría</strong></p>
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		<title>Aprender a perdonar</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Apr 2014 23:06:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>papis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[miedos]]></category>
		<category><![CDATA[odio]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Lic. Mirta Dall´Occhi* ¿Cuántas veces nuestro punto de vista nos ha llevado a buen puerto? Seguramente diríamos que la mayoría de las veces, ya que pensar lo que pensamos y sentir lo que sentimos es una parte importante que nos hace ser quienes somos. Los seres humanos solemos definirnos en nuestros valores, ideales y]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>Por Lic. Mirta Dall´Occhi*</em></p>
<p>¿Cuántas veces nuestro punto de vista nos ha llevado a buen puerto? Seguramente diríamos que la mayoría de las veces, ya que pensar lo que pensamos y sentir lo que sentimos es una parte importante que nos hace ser quienes somos.</p>
<p>Los seres humanos solemos definirnos en nuestros valores, ideales y creencias que conducen a nuestro accionar. Desde allí nos relacionamos con los demás, damos y recibimos en el intercambio social. Pactamos acuerdos explícitos e implícitos y desde allí llamamos a algún amigo, colega, compañero de trabajo, jefe, vecino, hermano, primo, cuñado, suegro, esposo/a, madre, padre, hijo. En este suceder de roles en los que a veces ocupamos uno, a veces otro y siempre en relación a otro que define, la vida va siendo vivida.</p>
<p>La vida va siendo construida y nuestro tiempo transcurre en un devenir de quehaceres y emociones. Ahora todos sabemos que los momentos buenos se celebran y disfrutan, y ¿qué hay de los otros?  ¿Qué sucede  cuando por alguna razón me siento ofendido? ¿Qué hago con el dolor, que muchas veces se transforma en enojo o furia porque aquella persona de la que esperaba algo me defrauda?</p>
<p>¿Cuándo ese otro me frustra en lo que yo creo que debería ser su accionar? ¿Cuándo me quedo herido por el comentario mordaz, el desaire o la estafa? Lidiar con la frustración de que el otro no sea lo que yo esperaba  puede llevarnos desde un estado de molestia, hasta un profundo dolor que nos sumerge en la desolación y el rencor con ansias destructivas.</p>
<p>Todos sabemos la marga que puede ser la hiel del odio y lo salvajes que pueden ser nuestros pensamientos rencorosos y resentidos. Hasta el más manso de los mortales comprende el sufrimiento por el que atraviesa el alma de un engañado, estafado o defraudado. Ahora, ¿cómo podemos ayudarnos a transitar el odio en un sentimiento más constructivo? Ya que seguir instalados en el enojo, la ira o el rencor no solo destruye una relación que puede ya no estar en nuestro presente sino que nos enferma el alma y el cuerpo.</p>
<p>Uno de los caminos, luego de haber reconocido el daño, la herida y al otro en su dimensión humana y limitada, es tratar de entender las circunstancias por las que hizo lo que hizo, lo más completas posibles, si actuó bajo presión, si estaba enfermo (adicto, compulsivo, sádico, etc.) y a partir de allí iniciar el camino de la compasión, allí donde el otro, yo y todos los otros somos seres de luces y sombras.</p>
<p>Somos seres con valores diferentes, gobernados por las miserias y los miedos. Integrar los pecados capitales, la gula, la ira, la codicia, la lujuria, la soberbia, la envidia y la pereza como parte de lo que nos representa y aquello con lo que todos debemos evolucionar en distintos momentos de nuestra vida.</p>
<p>Recuperar la empatía humana con ese otro y recorrer el camino del perdón aunque hayamos decidido que esa persona no esté más en nuestra vida. No se trata de continuar con una relación si se ha tornado tóxica. De lo que se trata es de recuperar la dimensión del amor dentro de nosotros. Aprender a perdonar es soltar a ese otro y a sus acciones. Es despegarme y volver a centrarme en mí. Volver a confiar en que todo cambia, todo pasa y en que no puedo controlar lo que los otros hacen pero si puedo elegir algo de lo que sucede en mi vida.</p>
<p>Para superar los enojos es importante reencontrarse con los propios límites y concientizarnos que nosotros también hemos herido a otro aún sin hacer nada, a veces sólo por estar allí ocupando determinado lugar. Finalmente la envidia también causa dolor y todos tenemos algo que alguien nos puede envidiar ¿o no? Por eso compresión y compasión propia y de los demás.</p>
<p>*<strong>Directora de Hémera</p>
<p>Centro de estudios del estrés y la ansiedad<br />
www.hemera.com.ar / info@hemera.com.ar </strong></p>
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